septiembre 08, 2005

Decir que esto no es un cuento y sí lo es; decir que esto es un cuento y no lo es, confundir.

I
Puente de ratas

Cruzando el puente que viene de la línea hacia el centro, un señor me pregunta: ¿no le dan miedo las ratas?, contesto: no señor y camino a paso apresurado, entonces él me sigue haciendo conversación y me dice que a él le dan miedo las ratas, que su esposa y su mamá piensan que él es como un niño y que siempre busca protección, me dice directamente que conmigo se siente protegido y me da un ligero miedo, decido voltear a verlo y sus ojos estrábicos penetran hasta mi alma, ellos ven el miedo que tengo y al apresurarme, él también se apresura.
Más adelante me pregunta que si a esas horas de la noche hay vigilancia y yo le contesto que sí, le digo que ahí hay uno, que de aquí se mira, (aunque no sea cierto). Y me voy corriendo.

II
Voces de un martes por la noche en Ave. Revolución

-Conversan dos viejitos con sus respectivos cafés:
Don Fidel: Pues si, ya le digo compadre, yo lo perdí todo en las apuestas y a consecuencia a mi familia. Me ganó mi vicio, lo que más me duele es haber perdido a mi esposa.
Si antes tenía de todo, mi carro, una casota, mi mujer y mis hijos, sabía de finanzas y de la bolsa, ahora sólo me queda mi perro y los periódicos que vendo.
Mi hija no me perdona porque no fui a su boda, mi esposa me ha dado la espalda porque vendí la casa para seguir en las apuestas. Es que ese día yo tenía la suerte de mi lado, sabía que iba a ganar, por eso le aposté a ese caballo, pero salí perdiendo.
Don Carlitos: Eso si compadre, pero pues qué se le hace ¿ya estaría de Dios no?

-Se ve un Oldsmobile que ha bajado desde la montaña tan sólo para pasar por la Av. Revolución.

-Pasa un viejito en su bicicleta y me dice “taxi to the border”, yo contesto ¡sí lléveme!

III
En los hotdogs

Se ve una muchacha en los Hot Dogs de la Av. Revolución, ella dura alrededor de una hora comiéndose dos hotdogs, le pide prestada una pluma al hotdogero un par de veces. Al final decide decirle que si le presta la pluma para llevársela a su casa, le promete regresar y devolverle la pluma, además de comprarle otros dos hotdogs…, el hotdogero acepta sonriente y ella le pregunta que si notó que se está comiendo los hotdogs muy despacio, él contesta que se los comió a una velocidad normal; ella vuelve a preguntar tras unos minutos que si comió los hotdogs muy despacio, el hotdogero contesta que se los comió muy normal, entonces ella le pregunta ¿ya le pregunté dos veces que si me comí despacio los hotdogs?, él ríe y ella se va contenta con su pluma. Ella decide guardar la pluma y usar la memoria.

IV
Mi novio el payaso

Ahora que recuerdo, el payasito era bizco y una vez que me iba a besar me miró a los ojos, yo lo observé sorprendida y su ojo izquierdo estaba completamente negro y bizco, notándose una ligera maldad al expresar su sonrisa de payaso, sonrisa que mezclada con sus arrugas hacían la forma de una máscara; pareciera que aun sin traer el disfraz, el maquillaje se había absorbido, tomando la expresión de payaso aun vestido de civil, pero no la de un payaso alegre y escandaloso, sino la de una persona resentida y reprimida que no se acepta y se esconde bajo la máscara del maquillaje alegre y colorido. Recuerdo bien que cuando se vestía de payasito iluminaba lo que tocara, como un efecto mágico y de musical, cuando pisaba sus zapatotes hacían sonar una melodiosa nota.

Pero a fin de cuentas todos nos escondemos bajo la máscara del supuesto “yo”, un yo aun idealizado por nosotros, producto de películas, libros, enseñanzas, experiencias, entonces ¿cómo deshacernos de esa máscara? ¿de qué manera arrancarla y dejar al descubierto todo este sentir?, quizá echándonos ácido muriático en la cara y alejándonos de la gente, ¿porqué tendremos que ser ‘seres sociales’?, a veces convendría escondernos y meternos debajo de la cama, cerrando messenger, clausurando hotmail, yahoo, blog y todas esas mierdas que nomás lo ponen a uno como maniático social, ávido de que se nos escuche, carente de cariño y ansiosos de un abrazo.

Ojala pudiera crear un imperio debajo de mi cama, llevándome muchos dulces y nieve, una libretita para hacer dibujitos y una televisión chica o quizá tener unas literas y poner una colcha como casita y no salir en un buen rato, solamente mi mamá me llevaría un plato de comida y tendría un bacín a lado, cuando me quiera bañar daría dos pasos y me metería a un tambo de agua un ratito, luego me salgo así, sin ropa y me envuelvo otra vez en las cobijas para ver las caricaturas.

Me preguntan en casa que quién me trajo, yo digo: un amigo… no hay regaños ni sermones, pero si dijera la verdad escucharía el sermón de la montaña repetidas veces, decidí decir la verdad y quitarme la máscara un rato.

V
Las lógicas difieren, el Tío y Ella.

Ella llegó a esa cantina y se sentó en la barra, pidió una limonada y en vez de eso le dieron una limonada con vodka, no le gustó y pidió por segunda vez una limonada, le declararon que los tragos serían gratis esa noche y le dio más sed. A su lado se encontraba el Tío, un señor que le asombró desde el momento en que lo miró comiendo hielos, pero ya borracho.
Tío: Supongo que Usted está estudiando
Ella: Sí… bueno, más o menos, ya salí de la escuela
Tío: ¿Que estudió?
Ella: Filosofía
Tío: ¿Eso es más o menos como ser sabio?
-Por estar viendo la tele y disfrutando de la limonada le contestó que sí sin pensarlo.
Ella:
Tío: Ah entonces Usted ha de saber muchas cosas; haber, ¿qué significado tiene la rosa blanca?
-Le contestó con las relatividades de un recién graduado, repitiendo toda la clase de Epistemología.
Ella: Bueno, pues a mi ver la rosa cobraría un significado humano cuando ésta se encuentre en una situación que le sea significante al hombre; así, la rosa no significaría por sí sola, por el hecho de que el hombre pone los nombres a las cosas, aun cuando la rosa ya tenga su propia esencia o significado aunque nosotros no lo percibamos.

Los significados son percepciones, relatividades que según el contexto y el tiempo le otorgan una característica que lo resalta de la otredad. Y esto no quiere decir que las cosas no “sean” sin la intervención cuasi-divina del hombre, sino que es éste quien se complica la existencia con detalles nimios como el significado y el significante, con saber cuántos ángeles caben por el ojo de una aguja, por encontrar respuesta a preguntas que si son o no contestadas no tiene ningún sentido, pues las cosas no cambiarán si las nombramos diferente.
Aunque interviene el problema del nominalismo, ya que si una cosa tiene su esencia por el nombre mismo y el nombre designa diferenciando al objeto en sí ó si existe relación directa entre el nombre y la realidad; pero Tío, cómo creer en los nombres cuando estos son sólo abstracciones y viéndolo de manera más simple son tan sólo sonidos, entonces simples invenciones del hombre, la ficción del lenguaje, la necesidad de comunicarse, de sobrevivir ante este mundo incierto y que gracias a la palabra se crea el puente-mito hacia la otredad, pues parece de manera superflua que el ser humano crea poder entrar en los rincones obscuros de otro ser, nunca se sabrá lo que la otra persona realmente quiso decir, ya que ni yo en este preciso instante digo lo que quisiera, mis ideas pudieran ser diversas, pero el lenguaje me resulta limitante por no adaptarse quizá a lo que quisiera compartirle, por ser mi lenguaje insuficiente.

Números, Letras, palabras, cómo decir de algo que es, lo que realmente es cuando no estamos sumergidos en la cosa en sí. Si usted me pregunta qué es la rosa yo le contestaría “una flor”, pero eso me lleva a otra cuestión, “?qué es la flor?” y así hasta el infinito. Un concepto envolvente de otros conceptos que sólo forman parte de un infinito fractal: Dos células, un embrión, la matriz, el cuerpo, la habitación, la casa, la calle, la colonia, la manzana, la delegación, la ciudad, el norte, el País, el continente, el mundo, el sistema planetario, la galaxia, el conjunto de galaxias, el universo… y éste sí ha de tener un límite, pero no lo alcanzamos a distinguir quizá por nuestra forma de raciocinio restringida y perezosa. Por no pensar nuestra mente vuela hacia el infinito, pero es muy fácil declarar algo como infinito, sin tener la prueba, aunque… porqué ver todo de manera tan empírica si no somos los dueños del cosmos, nuestra percepción no es la que rige la realidad, quizá no alcanzamos a abrirnos a la espiritualidad y sólo distinguimos la fría realidad materializada.
Tío: Una rosa blanca significa que se tiene abierto el corazón hacia alguien. ¿Porqué complicarse tanto chiquilla?
-Ella y su extraña lógica de percibir las cosas retorcidas y no captarle al momento contestó puras bobadas a preguntas tan sencillas.
Tío: Haber otra pregunta, a como miras mis manos ¿a qué crees que me dedico?
Ella: Es Usted Albañil
-El Tío tenía las uñas de los dedos de un color negro en la parte de abajo.
Tío: ¿A poco me cree Usted tan guey como para machucarme los diez dedos de las manos?
Ella: No, tiene Usted razón, ¿entonces es pintor?
Tío: Ah ya le atinó, pero nomás se la pasa adivinando.
Ella: Es que estos temas son de sentido común, y parece que me faltó la neurona de la obviedad.
Tío: Ahí le va otra pregunta, haber ¿Cuál es el oficio que deja más a los humanos?
Ella: ¿Ser cantante?, ¿la agricultura?
Tío: No, es el comercio de la pesca, porque lo que es más importante para el ser humano es comer, entonces si llegaran a quebrar, no están quebrando porque les sigue dando de comer. Además en la tierra hay más superficie de agua que de tierra, hay más oportunidad de pescar.
-Luego le narró sus aventuras con los coyotes en la sierra, mencionó que todas las noches dejaba una bolsa de carne para que lo dejaran dormir y hacia fogatas para alejar a los animales ponzoñosos, entonces le pregunta:
Tío: ¿Sabes como se le llama a esa acción?
Ella: ¿Protección?...
Tío: Survival…
-Ella decide callarse y tomarle a su limonada.
Luego le dice:
Ella: Cuénteme más de su vida, ¿vive con alguien?, digo, ¿dónde vive?
Tío: Por la independencia.
Ella: ¿Y trae carro?
Tío: No traigo, me voy en taxi, para que se escuche más decente, pero tengo como 200 carros en mi casa. Aunque ninguno es mío, todos están en reparación.
Ella: Pues yo ando en bicicleta.
Tío: Saliste mas fregona tú
Tío: ¿Sabes cual es la escuela de los padres?
Ella: Empieza otra vez con sus preguntas capciosas, ¿es la vida?
Tío: No, son los hijos, pues solamente teniendo uno se puede entrar a esa escuela.
Ella: Mejor hable usted Tío, lo escucho.
Luego de escucharlo un buen rato y despedirse del Tío, él le toma de la mano y le agradece por haberlo escuchado.

Esa tarde ella encontró más sabiduría en ese hombre que en los cinco años que se sentó en ese pupitre.

VI
Voy llegando a la estación de bomberos, me bajo del taxi y…

Son las 11:55, hay una persona que me pita y me dice “sh sh”, viene en una camioneta blanca que yo confundo alegremente con la de un amigo; yo cruzo la calle confiada y no distingo en la oscuridad, me extiende la mano y yo hago lo mismo, cuando descubro que no es mi amigo.
Dicho señor, una vez teniéndome de cerca me aprieta la mano con fuerza y no me la suelta, (me duele un poco), me dice como si me conociera “!te llevo a tu casa ándale, súbete!”, yo lo observo detenidamente y me percato y aseguro de que no lo conozco, él afloja la mano y la suelto al instante diciéndole que vivo cerca y agradezco su atención. Me alejo caminando y me doy cuenta de mi estupidez, primero que nada por acercármele sin observar bien desde lejos, luego por no haberle dicho nada cuando me apretaba la mano, y después me da risa el grado de ignorancia que poseo al agradecerle su gesto de amabilidad, aun cuando noté en su mirada una lascivia de revista “chambeadoras”.
Quizá si hubiese sido otra, al primer momento de sentir el apretón le hubiera dicho “qué traes cabrón, suéltame pendejo o se te cae el cantón y le hablo a mi clica para que te parta tu madre” (todo esto con un gesto de maldad en mi rostro, con una mirada infernal de ojos rojos y entrecejo fruncido a manera de monstruo), de ahí le mordería el brazo con saña arrancándole un pedazo de carne y escupiéndolo.

2 comentarios:

EL ATEO dijo...

Luego me enseñas la pluma y nos echamos unos hotdogs, mientras platicamos sobre la obviedad...sale?

Anónimo dijo...

Esos filósofos de la cantina son verdaderos filósofos, no existe la menor duda.