marzo 01, 2007

Humana

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Observo hacia adentro y me percibo humana, de carne, efímera. Ayer mi hermano soñó que mis familiares me miraban dentro de un ataúd, en mi velorio; sentí miedo, fue un temor extraño, el temor radicaba en dejar de ver a una persona, la que más amo y la que más me importa, la persona más especial que he conocido. En dejar de escuchar su risa que imita la mía cuando me río como tontita, en jamás volver a tener en mis brazos al hombre que me ha dado todo, al niño que al tomarme de la mano me dice con serenidad -no tengas miedo-.
Soy de cenizas, lo sé, pero cuando estoy con él no sé del mundo material, descubro en él un olor a eternidad que sólo puedo probar en sus brazos.
Cuando estoy con mi niño, mi familia… el tiempo escurridizo s e d e t i e n e y c a m i n a l e n t i t o. El río presuroso de mi alma toma un cauce distinto, desemboca en un tranquilo lago. ¡Caray!, (quería decir caray) es que estoy enamorada, es que me duele la panza de nervios poco antes de mirarlo, tiemblo…sigo temblando del gusto que me da tenerle cerca.

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Mi filósofo de espíritu tan noble, ¡me ha enseñado tanto!, mi colega, mi amigo, mi amor, mi vida.
Veo pasar la semana, me consumo el tiempo, leo, me pongo a ver mis novelas vespertinas (Dr. House y Law & order), me aflige la injusticia que observo pero no quiero enceguecerme con mi pequeño cosmos de chispas deslumbrantes, procuro caminar un rato, preparar mis clases y cuando es lunes pienso que una vez iniciado el día se irá tan rápido que ya es martes… y como el martes pronto empezará… ya es miércoles, esto indica que vivo dos días a futuro para sentir que es menos el tiempo que debo esperar desesperada para verle.
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Me encuentro en la soledad de mi alma, con las manos eternamente frías y escuchando a Neil Young, quien me hace recordarle cuando toca su armónica.
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Quisiera ser siempre un arcoiris, tocarlo todo y pintarlo de rosas, fiuchas y moraditos, de amarillo sol y azul cielo, quisiera lo que fuere tocando convertirlo en destellitos que hagan ruido a manera de varita mágica, quiero ser una princesa… (un niño me preguntó si los nombres se podrían cambiar pues se quiere llamar como un luchador, yo le dije que sí, que a mi me gustaría llamarme Princesa). Quiero ser una niña siempre, para jugar, para reír sin prejuicio y perdonar y olvidar, para no guardar rencores y atreverme a regalarle mil globos un día cualquiera y cantarle en su ventana. Soy una niña, lo sé, éste corazón me lo dice, pues a veces el sentido común no me funciona y actúo patas parriba, pero sobre todo porque mis niños me llenan de niñez o como ellos me dicen que yo los lleno de niñez.
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Solía preguntarme para qué estamos aquí, si de cualquier forma moriremos, pero luego pienso en la hermosa oportunidad que algún demiurgo me dio de vivir una y sólo una vez en toooooda la historia de la humanidad, ---solía preguntarme qué sentido tiene que construyamos, que creemos sistemas, imperios, si al final todo cae, todo se derrumba, para qué escribir, para que aprender y acumular sin medida…
Por fin logré encontrar una respuesta y alguien me ayudó (una tortuga galápagos, una sarigueya y un kekito), mientras estemos aquí luchemos en pro de la emancipación y justicia del hombre, lo valioso que es tener una familia, la alegría de los niños y esa energía inocente e inagotable que muchas veces es minada por la institución del adulto; la bella playa, el deporte, la música… pero sobretodo por el amor, este amor que se escurre por mi cuerpo y me hace pegar de brincos, que se filtra por mis poros, fluye por mi sangre y que sublima mi espíritu.
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Enseñemos a volar…, bueno, aprendamos a volar, los niños serán nuestros maestros.

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