marzo 12, 2011

Morir un poco


De nuevo las voces infrahumanas merodeaban mis sentidos, musitaban algo en un lenguaje no conocido, susurraban a mi oído con la terrible lascivia burlona de siempre, y parecía que a cada susurro mi cuerpo se tensaba y mi boca era censurada.


No sé cómo de repente me encontré cayendo en una especie de limbo o infinito abismo, el lugar (si es que se le puede llamar así) era un espacio que mis ojos no alcanzaban a comprender, no había absolutamente nada, era oscuro pero aún así podía distinguir que no había nada ni hacia arriba, abajo, a lado izquierdo o derecho; literalmente me encontraba cayendo en un abismo porque comprendo muy bien la sensación de caer, pues tengo como referencia la gravedad de mi planeta, esa ley física que le da sentido y lógica a mi universo.


Era yo, era Miriam cayendo en una especie de no espacio y de no tiempo, porque no puedo recordar algún momento o lugar en el cuál mi caída haya dado inicio, únicamente caía y lo hacía con esa sensación humana de adrenalina, una adrenalina lascerante que me ahogaba y mareaba, como un castigo eterno del cual jamás podría escapar, !desesperante sentir que no hay nada de lo que te puedas agarrar, que no habrá jamás muerte, que mis ojos y esa terrible sensación de lo eterno jamás se apagarán! que caeré en un grito ahogado, en una dimensión en donde nadie existe, excepto yo y mi corporeidad, yo y mi pesada existencia que no se desbaratará ni un átomo hasta el fin de los tiempos.

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