marzo 15, 2017

Miradas que atraviesan

Desde hace días reflexiono sobre un fenómeno curioso. Contextualizando, camino de mi casa al trabajo y del trabajo a mi casa, voy con mis audífonos y tengo media hora cada vez para ir notando detalles de la basura de la calle, de las casas antiguas, de los puentes, la gente...sobre todo la gente.

He notado que cuando una mujer pasa a un costado de mí, pocas veces voltea a verme, y de hacerlo, compartimos miradas y sonreímos; no obstante el fenómeno es distinto con los varones. Y lo sé, es normal ver a la gente, puesto que el ser humano, en general, es curioso y adquiere formas y tamaños interesantes, por lo que sí, en efecto mi curiosidad me hace voltear. En algunas ocasiones admiro la belleza tanto femenina como masculina, pero lo hago a discreción.  

Insisto, el fenómeno se da cuando voy caminando y en mi distracción musical, no me había percatado que cuando un varón pasa a un costado mío me observa directo, al cuerpo, a los ojos, sin initimidarse por mi cualidad de mujer extraña nunca antes vista. La mirada del caballero es penetrante y puedo decir que siento atravesada mi intimidad, mi espacio personal. 

Estos últimos días me he dedicado a entender el comportamiento de quien va pasando a mi lado y he logrado comprender cuándo alguien va a verme de ese modo, entonces lo imito y hago exactamente lo mismo; miro a los ojos al varón, si pasa de largo y voltea a verme el cuerpo yo actúo idéntico, le recorro de pies a cabeza y luego remato con una mirada penetrante y nada discreta. Noto que a ellos les parece extraño, también les incomoda, en mi caso lo encuentro divertido y satisfactorio, ya que es como un juego de poder...de no agachar el rostro ni ocultar la mirada, de afirmar con mi lenguaje corporal: "Esta que ves soy yo, dueña de mí, tu mirada no me intimida y yo también puedo tocarte con los ojos". 

!Qué divertido es el fenómeno humano! 

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