Fui un árbol, de esos que nacen chuecos, que quiso escapar de sus raíces, y encorvaba la espalda, porque en mi mirada había horizontes de libertad que me gritaban: ¡ven!
Fui planta flexible que jugaba a danzar, fui hojarasca en otoño que cantaba en las tardes amarillas del destino.
Fui verdísima, ¡a morir verdeaba!, de verde me vestía y lanzaba verde en mi poesía clorofílica.
Ayer, hoy y siempre he arboleado con mi falda de hojas, y seguiré arboleando hasta alcanzar ese horizonte tornasol.
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