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septiembre 07, 2025

Mi amado Lisandro

Mi amado Lisandro,

Hoy es 4 de octubre de 1804 y no ha de pasar una noche en la que, bajo la luz de esta vela que se consume, yo no le escriba y no le adore.

Sé que usted ya cruzó el río de los muertos y su recuerdo debería de bastarme para vivir esta vida que ahora me resulta idéntica a una celda en donde cada tarde me dan de beber amoniaco.

Desearía cruzar ese río, pero soy cobarde, y todavía creo que mi misión es recordarle para que su vela no se apague.

¡Maldita guerra!, paraíso de nadie, infortunio de todos. De nada vale su imperio de cenizas si destruye lo sagrado.

Le echo de menos, mi Lisandro, y siempre le pensaré a la luz de esta vela.

Eternamente suya, 

Isadora.

Cartas a la noche

Las criaturas de la noche deambulan entre vapores de alcantarilla. Hay algo monstruoso dentro de mí y brota de mi carne en sangre pútrida. Paseo en el camposanto entre flores marchitas, respiro la acidez lóbrega de las tumbas. Ahí quiero estar, donde las ráfagas de un viento gélido congela mis delirios, donde el silencio es el juez del alma que no tengo.

¡Oh, mutismo de panteón!, búscame en el infierno, donde las almas de los condenados son arrasadas por gusanos infectos.

octubre 16, 2022

4 de enero de 1612

Amada Juana de Asbaje,

Le escribo esta epístola con la esperanza de que llegue a sus manos, con la aferrada fe en que este es el último puente que edifico entre nosotras, y que tal vez cuando me lea sean solo ecos de una muerta; así es, de una bruja acusada de follar con el diablo.

No gané la batalla, mi bella, hoy a las 7 voy a la hoguera, pero sepa que desde lo más oscuro de un abismo cualquiera, en donde habrán enviado mis cenizas, he de enviarle mi pasión y consuelo.

Y sí, reclúyase en las frías paredes y pasillos de un convento, lea, escriba poesía y deje constancia de que una mujer también piensa, que nuestras nietas sepan que en nosotras corrieron ríos de sangre para que ellas sean libres y vivan vidas dignas de ser vividas.

Le amaré con locura hasta en la eternidad.

Siempre suya, 

Leonora Cienfuegos.

septiembre 04, 2021

Cartas a quien pretende amar

Amado Constantino


Te escribo desde esta morada oscura y vacía en donde a diario hay tormenta, pero ¡qué importa cualquier diluvio si mi remanso cálido se encuentra en la memoria de ti!, en ese brevísimo instante en que conecté con tu mirada, en ese dulce lapso perenne en el que al respirar cerca de ti, como un elixir, supe que eras tú y nadie más. 

Y es que entre todas las vidas ya vividas nos volvíamos a encontrar.

¿Qué me importa estar en el exilio?, en donde no habrá nada por vivir más que la infinita contemplación del abismo en el que me hundí cuando te conocí.

¡Oh, Constantino!, mi dulce fonema cargado de sentido, quiero que sepas que te pienso, que vives en mí, y en esa promesa que en un beso se selló, de buscarnos entre las estrellas, de peregrinar en el tiempo hasta dar contigo.

¡La humanidad qué sabe de nuestra pasión!, si viven por esos deseos mundanos y frágiles que se abocan con vigor a construir imperios de polvo.

Duermo, amado mío, para derramar mi querer en el espacio de lo onírico, y que te llegue la vaga sombra de mi deseo vehemente.

Con fervor, Justina.

Año 1042.

noviembre 09, 2019

Recado (Abel)

Vine, Abel, y no te encontré, pero encontré en lo profundo de mí, una azalea dulcísima y bella, que dormía apacible y que al entender de tu existencia, despertó, porque encontró una mirada de poeta que sí llegaba hasta ella, porque alcanzaba a oler de un modo espiritual una esencia insondable jamás sentida.

Entonces vine, Abel, y no estabas, pero estaba la tarde amarilla y tranquila como tu aura.

Pude observar que en ese lugarcito, aposento tuyo, no se escuchaba tu voz, pero emanaba una nota de sol que conectaba con quien soy.

En mi cuerpo entero hay una melancolía que no comprendo, que se desborda y me cuestiona, que me hace pensarte todo el tiempo. Y es que vine y no estás, dulce ser humano que enciende fuegos. 

Hoy afuera la tarde acontece, caen las hojas en armonía con el viento, tú no estás, !pero estás tanto!, en esta urgencia por vivir, por cantar, por soñar y perseguir el sueño.

Y es que vine y no estás, pero está tu recuerdo y estas ganas de estar viva sabiéndome no una muñeca ni una muerta, sino una mujer capaz de amar. 

agosto 06, 2019

Amado Crisanto

Cuernavaca, Morelos, 1 de enero de 1800



Amado Crisanto

Hoy es 1ro de enero de 1800, se asoma la luna de un nuevo siglo, abrupta, impía, y usted sigue lejano, sin que sus pasos sean las campanadas que como sinfonía me acompañaban. El perchero ha perdido la razón de existir, hoy yace sin su capa y su vetusto sombrero de copa alta que enmarcaba su rostro y que portaba con garbo; las tardes avanzan sin su fragancia que colmaba de notas de vainilla mis días.

¿Dónde está usted, amado, que las noches son lapsos de eternidad que me arrastran al fango y la miseria de la soledad? ¿Dónde está usted que afuera las hojas se atropan en un sigilo fúnebre de camposanto?

Quiero que sepa que le echo de menos, y que esta guerra absurda que a todos nos aniquila un poco y nos arranca a jirones los restos del alma no me parece justa. Ya son 7 años sin usted, y yo muero al alba, cada que despierto y no encuentro su mirada, muero al alba.

Pero sepa que le espero, que cada crepúsculo me siento en nuestra banca y asomo al desdibujado horizonte con la entraña palpitante de esperanza. Sepa que le espero, y que es menester aguardarle la vida entera, esta vida que sin su sombra, sin sus manos de madera que me cobijan, no soy, no existo, no resisto.

Hoy es 1ro de enero de 1800, un nuevo siglo se asoma y es tortuoso respirar. Solo espero que esta epístola, como todas aquellas que le he escrito con pausa y esmero, lleguen a usted, y sepa que le pienso, que le amo y que no hay olvido.

Su mirada prístina me persigue en mis sueños.

Siempre suya, 

Eleonora.

junio 17, 2019

Amado Aureliano

4 de junio de 1848


Amado Aureliano: 

No he podido conciliar mi espíritu desde su partida, mis sueños están vacíos en ese echarle de menos y esta vida sin sentido que venía contenida con su adiós.

Le amo, le he amado desde antes de nacer y tenga por seguro que le esperaré con mis suspiros y hasta mi último aliento.

Quiero que se entere de que mis ojos han perdido la distancia y la cercanía, que no hay hacia dónde voltear en este paraje desolado en que resulta el mundo sin usted.

Mi alma desgarrada le recuerda a cada instante y elevo plegarias al cosmos para que un día regrese.

Sé que esta epístola quizá llegue, quizá no, pero vierto en ella toda mi esperanza y esta pasión desbordada que inutiliza mi andar.

Es menester que sepa que soy de usted amado mío, dese cuenta que mis pensamientos y estos sueños que antes albergaban un futuro y un destino hecho para los dos, para nuestro amor, hoy yacen en el fondo de los infiernos, y quema, me flagela, porque sus labios ya no me pertenecen en ese lapso en que el alba asomaba a nuestro recinto para vernos besar, y este cuerpo y esta entraña que nacieron siendo suyos, hoy navegan sin rumbo, a la deriva, al punto del naufragio en un mar tormentoso de aguas enardecidas que no tienen pensado amainar.

Espero que estas letras febriles lleguen a usted y sepa que le espero, que siempre le espero porque no cabe el olvido en este palpitar que ya ha tocado el fango miserable de no vivirle a mi lado.

Siempre suya, 

Eleonora