Mostrando las entradas con la etiqueta Ensayo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Ensayo. Mostrar todas las entradas

mayo 31, 2019

El amor como conexión

La vida no tendría sentido si no sintiéramos amor, pero no ese amor violento y estereotipado que nos muestran en las películas o telenovelas, sino un amor en el que de entrada hay dos miradas que se reconocen, no sé si de otras vidas, no sé si del color del alma, pero se miran con la profundidad de quien cae a un abismo sin miedo, con la ligereza de una mariposa en pleno vuelo, porque saben que al sumergirse en esos ojos, habrán de estar menos solos.

Después de reconocerse, ese amor tendría que ser puente entre palabras que vienen y van en una fluidez que calidece.

La vida no tendría sentido si no encontramos por lo menos en una mirada o en una palabra a la persona que es nuestro espejo, no importa si es un instante, al caminar por una calle, al decir sí, al decir no, momento instantáneo que si logra conectar, nos devuelve un poco de eternidad.

enero 16, 2017

El Diablito

Inicio mi disertación sobre el diablo con la siguiente anécdota: "Recostada en la cama de la habitación en la que crecí (la cual no tenía ventanas), dormía con la luz del pasillo encendida debido a mis miedos infantiles, entonces pude vislumbrar cómo un hombre muy apuesto, de piel granate y caminar garboso, era cubierto por una capa de humo mientras yo lo veía con tranquilidad; después me dijo con tono sereno: -Si no te portas bien te vas a ir al infierno-, siguió su camino y cerré los ojos".
A lo largo de la vida he pensado sobre este evento y mi única conclusión es que si el diablo existe, es muy guapo.

El Diablo, Satanás, Belcebú, Mefistófeles, Demonio, Coco, cada una de las manifestaciones que los humanos hemos creado para justificar que no viene de nosotros ese mal, que no está en nuestra condición humana la venganza, el castigo, la muerte, el deseo de sentirnos como ese otro que también es inventado, nuestro propio pequeño dios ante la inminencia de la muerte. 

Nos sentimos horrorizados al despertar una mañana cualquiera porque recordamos el saco de huesos y carne que somos, la finitud a la que pertenecemos, orgánicos al fin, y nos da escozor pensar que somos tan carne, tan sangre.

"Si existe Dios, existe el Diablo", dicen los que no saben. No existe Dios porque si existiera, no tendría por qué tener forma humana, ni género, y los humanos evolucionamos de un modo muy extraño, cosa que no fue decisión de un Dios, sino nuestra o tal vez ni fue decisión y así fuimos siempre. Los "evolucionados" de la "razón", una razón fallida, el mal conciente. 

Dios no existe, no existe. Estamos solos, somos una anomalía universal, y lo más raro es que nos sabemos anomalía pero vamos por la vida queriendo intentar ser normales; nos normamos, queremos normar a los demás, para no aceptar nuestra condición humana. Le tememos a vernos desnudos de letras, de planes de vida, de restaurantes con cubiertos, de rutinas que nos vendan los ojos para no morir del susto al entender lo que somos.

Significamos a un diablo y a un dios como una dualidad porque nuestras estructuras cerebrales así lo clasifican y entienden de manera más simple, pero las leyes del pensamiento no se pueden quebrantar. No hay una razón suficiente que los justifique; no obstante los humanos vamos por la vida dudando de lo que es evidente y nos brinda más seguridad la idea de la "fe" que aquello que se puede comprobar.

Por tanto, la idea del diablo, ha sido un referente para el avance o estancamiento de la humanidad. Determinó sobremanera desde los albores del cristianismo y lo que sucedería en la época medieval, así como miles de decisiones absurdas, misántropas, pero sobre todo misóginas, al relacionar a la mujer y su conocimiento de herbolaria con poderes mágicos demoniacos. No queda fuera la temprana quema de Alejandría y jamás sabremos cuál habría sido el rumbo humano de no haber sufrido esa gran pérdida.

En la literatura ha sido referente básico, y las fuerzas del mal que representa Satanás aparecen una y otra vez en los anales de la historia.

Y parafraseando a mi amiga flamenca-mágica-punk Sol-Ho, la representatividad que tiene este ente curioso, le ha puesto límites al humano y lo ha llevado a extremos que han marcado senderos. Dos simples ideas: Dios, Satán, han sido determinantes para pensar, andar, decidir, construir, destruir, hacer cotidianidad, pero sobre todo y la idea más intensa es que si creemos en un diablo, es muy probable que creamos en un dios, un dios proveniente de un cristianismo que nos invita a tener fe en que al final de la vida hay un cielo y un infierno, y con base en una moral de esclavos, según Nietzsche, no nos permitimos decidir con valentía qué vida queremos vivir, construyendo nuestros propios valores, sin miedo, sin deberle nada a nadie porque nada más somos un insignificante accidente, y no un milagro divino.

Pero ¿qué pasó cuando el humano se colocó como centro del universo? y "mató a Dios"..., el desnudo humano se quedó solo, creyendo que con la razón podría darle curso al progreso, y ya sin demonios, culpas o infiernos, cambió su fe por ese nuevo ídolo que se convirtió en el nuevo demonio, el humano mismo, encarnando un mal que ya no tenía receptáculo, y libres de Dios o Satán, henos aquí, en el vacío existencial y la falta de certezas.

Concluyo que el diablo es importante y que lo seguirá siendo el tiempo que le resta a la humanidad.

Agradecimientos especiales a César, por invitarme a pensar.


diciembre 02, 2008

La historia de la moda o la moda en la historia del s. XVIII al XX


“La moda es la manifestación puramente esencial de nuestro más interno ser”
Anónimo

No podemos separar el actuar del ser humano en relación con el contexto histórico que nos tocó vivir, por ello nuestro pensamiento es producto de la ideología vigente. Lo podemos comprobar con la moda que a veces nos pareciese tan superficial, frívola y banal; no obstante si la analizamos nos puede decir tantas cosas que la historiografía nos oculta.
La moda se traduce en formas de ver al cuerpo humano, inclusive lo forma y deforma al antojo de la circunstancia, por ejemplo el cuerpo de nuestras abuelas era robusto y no por ello grueso, no obstante el cuerpo de las adolescentes de hoy se puede observar de una estrechez nunca antes vista.

Podemos enfatizar que durante mucho tiempo la moda fue exclusivamente diseñada por hombres y sus diseños limitaban de vastas maneras las actividades de la mujer, de ahí se puede inferir de qué forma era idealizada la mujer y cómo era percibida, podemos decir algunos adjetivos: delicada, sumisa, sofisticada, refinada, elegante, delgada, acinturada, estilizada, un ornamento de belleza exclusivo al placer del fabricante de sueños, una mujer que se ha desmitificado con el tiempo y que hoy se traduce en aquella supermujer que ya no sólo tiene la función de adornar al hogar, sino de pedirle prestados minutos al día de mañana para alcanzar a trabajar y apoyar al sustento del hogar, además de cuidar de su familia.

Veamos algunos ejemplos, ¿quién en tiempos presentes se hubiera imaginado que los primeros corsés eran elaborados con fierro para atenuar la cintura de la mujer? y si nos vamos a antaño, ¿qué campesino del Paris medieval se hubiese imaginado los tops que tanto se usaron en la década del 80?, o los monokinis; queridos amigos, qué nos ha de deparar la moda de este siglo XXI tan agitado y fugaz.

Analicemos la historia, en los años de la revolución francesa se prometía un cambio profundo tanto ideológicamente como en las condiciones económicas del país y del mundo, en una época de absolutismo en que las decisiones se le imputaban a un solo hombre, el monarca; sucedían injusticias al por mayor, por ello tantas causas como el fallo de la economía nacional, el incremento del conflicto entre la aristocracia y aquellos con prerrogativas de realeza, el descontento de la mayoría de los ciudadanos más allá de las clases más privilegiadas y la hambruna que asolaba al campesino, fueron motivos de insurrección.
Y de manera asombrosa los revolucionarios (de clase alta) adoptaron la moda con propósitos de propaganda ideológica y de la seda pasaron al algodón; el espíritu de rebelión se apropió de los tejidos de las clases más bajas.

Por otro lado, con el surgimiento de la revolución industrial, la moda dio una voltereta inusitada; se puede afirmar que en el siglo XVIII la moda sólo la alcanzaban los aristócratas, dado que la ropa no se hacía con un telar mecánico, este apareció hasta 1786 lo cual cambió drásticamente la historia de la moda y a partir del siglo XIX la moda fue alcanzada incluso por las clases bajas.

Ya para principios del siglo XIX, se logró que se consolidara la industria de la moda y para las dos últimas décadas de esta centuria la mujer tenía que cambiar de vestido hasta 8 veces al día, esta era una exigencia de la etiqueta tan estricta que dictaba la sociedad de aquellos tiempos. Los siguientes son ejemplos de ocasiones en que la mujer tenía que cambiar su vestir: vestido de la mañana, vestido del té de la tarde, vestido para visitar, vestido para la tarde de teatro, vestido para el tenis, vestido para la cena, vestido de casa para antes de dormir, y vestido para dormir.

Una curiosidad del siglo XIX fue que Napoleón al crear su imperio diseñó un uniforme para que a la gente le pareciera tan bonito que desease usarlo y enlistarse en el ejército.
Otra curiosidad es que los maniquíes del presente siglo no se pudieran usar para el cuerpo de las mujeres de principios del siglo XIX. En dicha época las pinturas nos muestran cuerpos regordetes y en ese entonces ese era el arquetipo de la belleza.
Los tiempos cambian, con las prisas de los tiempos modernos no pudiésemos darnos el espacio de abrochar una hilera de botoncillos como lo hacían nuestras abuelas, no pudiésemos darnos el lujo para realizar aquellos grandes peinados que pesaban más que la cabeza misma.

En los albores del siglo XX se inicia con la misma tradición que dictaba la feminidad y la decencia de una señorita, la cual debía ser religiosa y recatada, por ello cuando montaba a caballo nunca podía hacerlo a horcajadas y tenía que hacerlo sentada con las piernas por un lado, dada la delicadeza de la dama y por tanto la moda se acopló a las necesidades de las clases más pudientes que tenían el acceso a los descansos y el tiempo para la equitación y múltiples deportes.

Con el surgimiento de los derechos de las mujeres, la moda se volvió más benevolente por esa lucha constante de obtener libertades para que dejaran de percibirlas como mero ornamento. En las primeras décadas la tendencia era imitar la racionalidad práctica del hombre.
Como dato, con el advenimiento de la primera guerra mundial en 1914, rápida y completamente se demolieron los viejos valores y sistemas sociales que empezaban a desmoronarse a finales del siglo XIX. La sociedad cambió y consecuentemente su apariencia cambió también y mientras la mujer se adentraba más al mundo real, la tiranía del corsé se erradicó para cambiarlo por atuendos más funcionales. Con la ausencia del hombre en la sociedad civil, un numeroso grupo de mujeres se educaron profesionalmente y tomaron la batuta en la industria y otras áreas en las que el hombre dominaba, debido a este suceso histórico la moda femenina cambió y aun cuando los hombres regresaron de la guerra en el año de 1918 a un mundo mutilado y abatido por el hambre y la miseria, no había vuelta atrás, nadie podía parar la ola de mujeres quienes habían probado los placeres y la libertad del mundo fuera del hogar (aunque para ello debemos mencionar que ningún placer se puede encontrar cuando el mundo se halla resquebrajado por conflictos políticos-bélicos absurdos).

En los 20´s el jazz se hizo popular y la danza del charleston se dejó ver, el surgimiento del automóvil modelo T de la FORD MOTOR COMPANY (producido bajo técnicas de un sistema industrial) se vendió en masa en Estados Unidos y la relación con la tierra y el tiempo ya no fue la misma; el hecho de poder trasladarse con rapidez trajo consigo una ola de consumo y de creación de productos que podían ser transportados en menor tiempo y por tanto más baratos y al alcance de todos.
La apariencia de la mujer cambió radicalmente y el estilo del cabello fue cortado de manera significativa, ahora la mujer era capaz de manejar un auto, de jugar golf y tenis, de ejercitarse e incluso de fumar.
Después de que Estados Unidos se enriqueció vendiendo armas al mundo durante la “gran guerra”, el país se encontraba en una prosperidad nunca antes vista, pero con la gran depresión de 1929 los magnánimos modistas de la época perdieron sus trabajos.
Para 1930 Coco Chanel introdujo el pantalón como prenda de vestir femenina y revolucionó para siempre la dinámica de la vida de la mujer y del hombre en sociedad.
Para la segunda guerra mundial, las prendas tenían que ser simples y modestas por la falta de material, la moda de la falda se hizo más corta para ahorrar tela y una curiosidad es que los uniformes de los nazis fueron diseñados por Hugo Boss, quien es tan famoso hoy en día por los diseños que llevan su firma.

En la segunda mitad del siglo XX, después del vacío existencial que dejaron los conflictos bélicos, la sociedad entera entró en una era de consumismo en la década de los 50 y 60: era la posguerra, la guerra fría entre los bloques socialista y capitalista quienes se disputaban el dominio del mundo como si se tratase de un ajedrez; eran los jóvenes quienes por primera vez surgían como sujetos históricos y luchaban con conciencia por una sociedad con libertad de expresión, por una sociedad en donde los gobiernos no hicieran caso omiso de las manifestaciones y demandas del pueblo, donde los totalitarismos habidos en la 1ra mitad del siglo XX jamás fueran repetidos, causando la barbarie fascista y nazi. Por ello se dio un 68 a nivel mundial que enardeció el ánimo revolucionario de los jóvenes.
El rock n´roll hacía su aparición y con ello las ideas cambiaban, la mujer intentó liberarse y con ello la moda hizo otra vez su aparición, la minifalda surgió, el bikini estaba en su apogeo y hubo quema de brasieres.
Después de la absurda guerra de Vietnam, los jóvenes comenzaron a rechazar lo establecido y abandonaron los valores de la cultura occidental, se dejaron crecer el cabello, usaban huaraches, ropas de colores que aminoraban la seriedad de una sociedad moralista que hipócritamente educaba con valores que no respetaba.

Respecto a la moda masculina podemos decir que no ha cambiado mucho en estos tres siglos, puesto que la silueta ha sido prácticamente la misma y los colores se piden sobrios, oscuros y grises para denotar hombría, serenidad, elegancia, clase, aplomo y gallardía.
Por el contrario, a la mujer se le compara estéticamente con las flores y si un hombre decide usar el color para vestir, es juzgado de afeminado. La moda es hermosa, dado que es la expresión más recóndita del ser, inclusive cuando se amanece triste nuestros colores se oscurecen y cuando se amanece alegre podemos ser capaces de usar el fluorescente.

Podemos concluir que la moda del siglo XIX con sus largos vestidos hasta el tobillo y que cubrían el cuello de las mujeres decentes, no hubiera dejado que una ciudad como Mexicali se desarrollara en ese tiempo, dado su extravagante desierto y hermoso clima cálido.