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septiembre 27, 2026

Antes fui

Fui un árbol, de esos que nacen chuecos, que quiso escapar de sus raíces, y encorvaba la espalda, porque en mi mirada había horizontes de libertad que me gritaban: ¡ven!

Fui planta flexible que jugaba a danzar, fui hojarasca en otoño que cantaba en las tardes amarillas del destino.

Fui verdísima, ¡a morir verdeaba!, de verde me vestía y lanzaba verde en mi poesía clorofílica.

Ayer, hoy y siempre he arboleado con mi falda de hojas, y seguiré arboleando hasta alcanzar ese horizonte tornasol. 

Si la muerte quisiera

Alfonsina,

Tú, como yo, pequeña niña verde, nunca estuviste sola, porque en tu andar te encontraste una rosa, una nube dorada, el viento en la cara.

Porque entre la muchedumbre me gritabas "no-me-olvides", y no lo hice, por eso te recuerdo, no con nostalgia, sino con ese fuego que arde en la poesía, y que despierta al corazón en las mañanas tibias, mañanas de papel, de humo y café, mañanas en que se fragua un futuro todavía desbordante, eclipsado por ninguna muerte, porque aquella mirada que te petrifica, aún no se acuerda de mí, y aún hay sal en el pan, mantequilla, romero, eneldo, tarde arrebolada que promete un mañana, sí, en el pan.

Porque no te olvido, Alfonsina, si todavía el néctar de tus letras y tu voz hace eco en mis días. 

octubre 03, 2025

Cartas a la noche

Entre las sombras obtusas camino, polvos no iridiscentes levantan brumas viejas, de entre tumbas, y un viento sigiloso sopla en mi oído poesías malditas de quebrados siglos.

¡Oh, la noche!, máscara de Melpómene que canta la gran tragedia de estar vivos y respirar, tener voluntad, coraje, libertad, las grandes glorias cotidianas, y aun así no termina de florecer la vida. 

Atorados en posición horizontal, fetal, fatal, porque la luz del sol es rabia espumosa y amarilla, con fragancia de flores, con pájaros que cantan un canto no pedido.

¡Oh, la noche!, refugio anaranjado de mis blandas pesadillas, yo te  imploro lunas rojas, lunas de sangre a borbotones que devuelvan la nostalgia precisa, el candor de ser quienes somos, aun si somos malditos, ratas de alcantarilla que deambulan entre pedazos de lunas caídas, raptados por cuervos, aunque seamos monstruos sin padre, remanentes de casas de la infancia en donde solo quedan huecos, huesos, ecos.

Flor zombie

 Las flores también mueren, flores negras que sangran el elixir denso de la muerte. Hay flores que están muy vivas y que en su inocencia de un día, se permiten danzar al viento, diseminar su belleza en este mundo porque llevan un reloj de arena dentro, que día a día va ajando cada pétalo.

Pero también hay flores negras que nacieron para derramar su elixir en camposanto recién abierto, y acompañar al muerto en su última morada. Flor de aguamala, flor de aguamar que nació en la asfixia, que canta un réquiem con su coreografía nocturna, que vive de noche el sueño de Justina y entre hoyos negros se disipa.