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agosto 11, 2023

Lucho Gatica

¡Qué ganas de estar escuchando a Lucho Gatica en 1946 en un bar de malísima muerte donde sirven aceitunas para acompañar mi trago!

Y tener el corazón roto, y traer un vestidaxo de lentejuela, guantes, perfume escandaloso Chanel, y vea el amanecer para irme a mi casa que es un cuartucho de vecindad.

¿Por qué? No sé, solo tuve ganas.

Así se hace: disfrutar la música.

Antes de la pandemia no conocía el sentimiento de vomitar pedacitos de mi alma. Quería expresarme cantando, y mi almita descansaba de sus tribulaciones y mortificaciones; pero cuando, durante el encierro, conocí qué es acompañar con música a mi canto, entendí cuál era mi sanación.
 
No le sé mucho a la guitarra; no obstante, lo que he aprendido me corresponde, me salva.

¡Oh fortuna que se atraviesa en mi camino en forma de ruido!

Algo por decir: café-tierra

 ¿No les da la impresión de que el café es tierra y que se están haciendo un té de tierra?, entonces ¿a veces no se les antoja comer tierra?

A mí a veces.
Añado, en ocasiones quisiera poner la tierra de las macetas en un topper, así, fresca, rebosante, y añadirle unas gotas de vinagre, también sal, y mycrodin, y ahora sí hacerme unos tacos.

Mi alma es una cajita que...

Mi alma es una cajita que guarda ilusiones antiguas, como encontrar a alguien que me mire a los ojos y sepa en ese instante quién soy. 

En mi alma hay tlacoyos de frijoles, tacos de huitlacoche, agua de cebada bien fría, también de sandía pero con hielos, en mi alma está mi madre y su carcajada bonita, está la playa de noche con un seven eleven en la esquina, está una galaxia muy colorida. En mi alma hay muchas bolitas de imaginación, que al reventarlas, huelen bonito y lanzan rayos de colores con brillitos. 

En mi alma también hay celos y oscuridades, celos porque jamás seré Nefertiti, ni veré de cerca la luna, tampoco sabré qué se siente estar enterrada en la visitada tumba de Tutankamón, ni sabré qué es ser la diosa Coyolxhauqui, ni conoceré jamás lo que hay en los cajones de las abuelitas, ni sus recetas sabrosas de pozole o mole. No sabré los colores del primer día del mundo, ni cómo se siente respirar aquel amanecer, tampoco podré ver la hecatombe. Ni sabré qué se siente tener antenitas como las señoras cucarachas.

Por lo pronto agradezco lo que hay en mi alma-cajita. 

abril 12, 2019

Siglo XIX, Siglo XX

SIGLO XIX:

Entonces, tal como ese temblor singular que ocurría al dar la vuelta, la dama recorría la rotonda, y su mirar, ¡oh su mirar!, sí intimidaba.

De vez en cuando giraba su rostro tímida, y si aquella mirada acariciaba la suya, entonces sus ojos irradiaban profundidad vibrante.

SIGLO XXI:

Entonces, tal como esa vibra curiosa de secundaria, la chamaca subía algo a feisbuk y los likes, ¡oh los likes!, sí importaban.

De vez en cuando asomaba a los likes, y si observaba un corazón acompañado del único nombre que le significaba, entonces su corazón también latía en un rojo palpitante.